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14 agosto 2013 3 14 /08 /agosto /2013 04:31

Hola queridos amigos!

Gracias por estar pendientes de mi blog y leer mis escritos y publicaciones. Ahora les traigo una recopilación de todos los acontecimientos que han sucedido en los últimos dos años en los que he estado ausente en mi blog:

               Gilma-y-yo.jpg

EL REENCUENTRO

Más de dos años han pasado desde la última vez en que escribí sobre mi vida en el blog… ha pasado mucho. Pues les cuento que ahora hay un anillo de oro en el dedo anular de mi mamo izquierda… me case!!! 

Les cuento como paso:

Fue a inicios de noviembre del año 2010 que mis ojos la vieron; ya la había visto muchos años atrás, pero al paso del tiempo, su rostro me era casi desconocido.

Iniciaba el campamento infantil de invierno “Amiguitos de Jesús” al cual fuimos invitados; ella participaba por segunda vez, la mía era la primera experiencia. Me encargaría de la canción del campamento y de acompañar musicalmente a los niños y a los demás guías.

Unas semanas atrás, el padre Hugo Lemus, párroco de la parroquia San Jorge, que  organizaba el campamento, me pidió colaborar con la parte musical, yo acepté sin mucha pregunta. Nos reunimos por primera vez (los colaboradores y el P. Hugo) para ver los temas a tratar y para presentarme a los demás compañeros. Ella no fue, al parecer no asistiría ese año… yo aun no sabía que ella formaría parte del grupo; pero allí estaba dispuesto a colaborar en lo que me necesitaran.

El primer día de campamento comenzó, éramos diez guías, aproximadamente: ocho mujeres y dos varones y los niños aproximadamente cuarenta  y cinco. Llegamos al CEIC (Centro Educativo Inmaculada Concepción) donde, por dos semanas se desarrollaría el campamento. Casi todos estábamos, menos ella; pero como aun no sabía de su existencia, el día transcurrió normalmente. Llego el medio día, dimos las indicaciones finales a los niños y esperamos a sus encargados para que los llevaran a sus respectivos hogares. El día concluyo.

 

SU NOMBRE

Su nombre desapercibido, como lo era ella para mí. Hasta la fecha solo sé de tres personas con ese nombre: una ex compañera de la universidad, un familiar de Jocelyn (compañera de trabajo) y ella. Me pareció un poco extraño, pero eso no opacaba el sentimiento que se desarrollaba en mi mente y mi corazón. Nunca me imagine que cinco letras, fueran el contorno de tanta grandeza interior y belleza física y espiritual. Gilma es su nombre y aunque antes de ella me parecía raro, ahora el solo escuchar su nombre, será como música para mis oídos.

 

LAS PRIMERAS MIRADAS

El inicio de nuestras vidas se dio en el segundo día cuando apareció por el portón de entrada, yo esperaba en una de las bancas que está en el corredor de acceso al CEIC. Nos vimos y en seguida la chispa se encendió. Empezaron las miradas, los coqueteos que suelo “lanzar” naturalmente. Ella era perfecta, ojos claros y redondeados, pelo liso a la altura de los hombros, piel clara y cuerpo escultural; su sonrisa como un rayo de luz que te alumbra por la mañana. En otras palabras: ¡perfecta!.

No me imaginaba estar con una mujer como ella, me parecía inalcanzable… pero lo bueno es que la chispa no solo la sentí yo, a ella también le llame la atención y se dejo cortejar por mis piropos y picaras miradas que inevitablemente le hacía. No diré cuales fueron mis encantos, ni tácticas para seducirla; eso le tocara a ella decirlo en algún momento.

Todo comenzó con bromas. Sin afán de presumir: soltero, coqueto, caballeroso… y rodeado de tanta belleza femenina, estas cualidades salieron a flote como casi nunca sucede. Recuerdo que una de las compañeras se convirtió en su “mano derecha” para informarle que era lo que hacía, y como me comportaba en el campamento. Ella decía “Es mío, nadie me lo toque”, por eso su amiga le “informaba” de lo que pasaba.

Al tercer día no fue al campamento, tenía cita con el médico en la clínica que se encuentra al costado Este del CEIC.  Como a las nueve de la mañana, su hermana, que  era una de las guías, me llamo para decirme que Gilma quería que le llevara una botella con agua,  argumentando que en la clínica no había, que raro ¿verdad?, cosa que no llamó mi atención, compre el agua en una caseta que estaba enfrente del CEIC y me fui a la clínica a  dejarla. Cuando llegue me recibió con una sonrisa “de oreja a oreja”, fue allí cuando supe que todo era un engaño, lo que quería era verme y pasar aunque sea unos minutos conmigo… todo esto era un juego, pero dentro de nosotros iba creciendo algo más grande y profundo.

En las dos semanas de campamento, buscábamos el lugar más solitario y escondiéndonos de las miradas de los niños, nos dábamos, de vez en cuando, un beso fugas, de esos que se dan en los primeros enamoramientos, cuando pequeño; ¡espero no tener problemas por divulgar este secreto!

El campamento termino, gracias a Dios, con buenos frutos en los niños y con mucha satisfacción en nuestras vidas como colaboradores. Fue de mucho aprendizaje, juegos, manualidades, risas, piñatas, pasteles… en una sola palabra ¡FENOMENAL!

Durante la semana de desarrollo del campamento, llegaron unos familiares de Gilma a pasar vacaciones de navidad y fin de año, eran unos cuantos… bueno, eran como 35. ¿Se imaginan como estaba la familia de atareada? Pero aun así, seguí visitando a Gilma, y comencé a familiarizarme con los invitados, les caí bien y eso fue un punto a mi favor para ganarme la confianza de los suegros.

Pasaron y con tanta visita la mama de Gilma ya miraba peligro en su casa: un lobo suelto queriendo comerse una de sus pollitas y “activó la alarma”. Yo con paciencia me fui ganando la confianza de ella.

Un día con la ayuda de una prima de Gilma, me dispuse a dar uno de los pasos importantes en nuestra relación: ¡los cite en la propia sala de su casa!, hable y les dije algo así: Prof. Naun, doña Meche, ehhh… como ya han visto, he venido muy seguido a su casa y me imagino que ya sospecharan que entre Gilma y yo hay algo, por eso es que; formalmente, quiero pedirles permiso para ser novio de su hija… atrevida la cosa pero me avente. Me sudaba todo, estaba nervioso, ansioso y sin uñas largas, ¡me las había comido todas!; pero eso no detuvo mi impulso y lo hice. Un silencio profundo, se apodero por unos segundos en el lugar, hablo el Prof. Naun, padre de Gilma, y me dijo que estaba bien, me daba permiso, pero exigió respeto para su casa y su hija, doña Meche, la madre, solo dijo unas cuantas palabras reforzando lo que dijo  su esposo.

¡Sí! ¡Así de fácil salió todo!, yo que baje todos los santos del cielo, lo pensé y repensé por muchos días y al final, no salió tan difícil como lo esperaba, y así pasamos de lo informal a lo serio. Ya éramos novios. Fue la tarde del 12 de diciembre del 2010.

 

Lo que paso se los cuento luego… 

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Published by Meyer
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